El muchacho observó que de momento no había más clientes esperando y se quedó un instante mirando a aquel tipo. No parecía divertirse, pero tampoco parecía estar esperando a nadie. No se le ocurrió nada de por qué estaría allí entonces, pero sin embargo volvió a acercarse a él apoyándose en la barra, no del todo convencido.
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Perdona...-se disculpó para interrumpirle-.
Si quieres... puedes solicitar una entrada a una sala comunal a parte... Puedes pedirle al dueño también que alguno de los chicos te acompañe... pagando bien, claro...-le dijo. Quizás estuviera allí por eso aunque no todos los que frecuentaban el club sabían que también constaba de aquel tipo de servicios ya secretos y privados...
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